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Retrato ...
lumno de Frédéric AGUESSY y de Gérard FREMY, participó también en numerosas clases maestras con Léon FLEISHER, Dimitri BASHKIROV, Gyorgy SEBOK y Alexis WEISSENBERG. Después de obtener su Primer Premio de Piano en el CNSM (Conservatorio Nacional de Música de París) en 1992, Cédric gana otro premio en el concurso de Dublín en 1994 y otro más en el Concurso Internacional de Ginebra, así como el Premio del Público y el Premio Debussy en 1996. En 1998 gana el primer Premio del Concurso LONG-THIBAUD, así como cinco premios especiales, entre ellos el Premio del Jurado y el Premio de la Orquesta. Ha dado numerosos recitales con orquestas y de música de cámara en Francia (Sala Pleyel, Teatro du Châtelet, Casa de la Radio), y en el extranjero (Müsikverein de Viena, Concertgebouw de Amsterdam, Japón, Estados-Unidos, Rusia, Alemania, Bélgica, Italia, Canadá, Polonia, Suiza, China, México…). Ha participado con frecuencia en los principales festivales internacionales como el de Antibes, de La Roque d’Anthéron, San Jean-de-Luz, la Orangerie de Sceaux; las Vagancias Musicales de Reims; las Noches Románticas del Bourget; Piano en Valois; Klavier Festival Ruhr; el Festival de Yokohama… Toca por primera vez en el Carnegie Hall en Nueva York en noviembre del 2000. Logró además un éxito rotundo en marzo del 2002 durante una gira en Japón con la Orquesta Filarmónica de Radio Francia, dirigida por Myung-Whun CHUNG y participa en marzo del 2002 en la creación mundial del Concerto para dos pianos y orquesta de Ivan FEDELE bajo la dirección de Christoph ESCHENBACH. Con más de 42 concertos en su repertorio, colaboró con las siguientes orquestas: Orquesta de París, Orquesta Nacional de Francia, Orquesta Filarmónica de Radio Francia, Conjunto Orquestal de París, Las Orquestas de Ile-de-France, de Lyon, del Capitolo de Toulouse, de Montpellier, de Aviñón, de Lille, de Nancy, de Picardie, de Bretaña, la Orquesta de la Suiza francohablante, la Orquesta Filarmónica de Roma, la Orquesta Sinfónica de Dublin, la Orquesta de Cámara Israelí y la Orquesta Filarmónica de Tokyo... También tocó bajo la Dirección de Christoph ESCHENBACH, Yutaka SADO, Myung-Wung CHUNG, John NELSON, Jacques MERCIER, Jean-Claude CASADESUS, Michel PLASSON, Stefan SANDERLING, Jerzy SEMKOW, Friedman LAYER, Edmond COLOMER, Kurt MASUR… Ballade opus 10 n°1 - Brahms Ballade opus 23 n°1 - Chopin (VPRO TV, Netherlands, 2007)
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Conciertos
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Prensa
... « En marzo del 2003, el
destacado pianista Cédric Tiberghien conquistó al público y a la crítica
costarricense en el único concierto que ofreció en el país. Ello le valió
al francés de 29 años la invitación para tocar como solista hoy y el
domingo, en el octavo concierto de la temporada oficial de la Orquesta
Sinfónica Nacional (OSN). « Un concierto lleno de
energía de principio a fin. La Orquesta Sinfónica Nacional (OSN)
presentará el VIII Concierto de su Temporada oficial el próximo viernes y
domingo próximos en el Teatro Nacional. Obtuvo el primer premio
del Concurso Marguerite Long, que es precisamente la gran artista en quien
él hace pensar cuando toca el Quinto Concerto de Beethoven que ella grabó
en 1944 (¡!) bajo la Dirección de Charles Münch. A pesar de que exista una
forma francesa de abordar este repertorio - extrovertida sin ser puramente
virtuosa, clara sin ser meramente analítica, heroica – siempre aprovecha
la oportunidad de dar valor a la poesía, al canto y a la delicadeza, como
si uno ya pensara en Chopin. Muy oportunamente, Tiberghien se queda en mi
bemol para su bis, abriendo sin embargo un paréntesis bienvenido en el
heroísmo: pues este mi bemol, el del primer movimiento de la Décimotercera
sonata “Casi una fantasía” resulta ser, bajo sus dedos, a veces tierno o
dando vueltas y revueltas. «Un Couperin matizado de romanticismo»: pensaba en la definición que Landowska dio de Chopin al oir los 24 Preludios bajo los dedos de Cédric Tiberghien el miércoles 14 de mayo en la Sala Gaveau. La obra da muchas veces la oportunidad de interpretaciones tanto externas como deshilvanadas: la del joven pianista Cédric Tiberghien obliga a la admiración por su coherencia y su refinamiento poético (que al discófilo podrá evocarle la grabación que Perlemuter realizó en 1962). Caleidoscopio sonoro, el Opus 28 es primero un ciclo. Tiberghien entiende y organiza perfectamente el sutil encadenamiento de sus eslabones – y de los silencios que los separan - o que más bien los unen. Ningún preludio es objeto de sobrevaloración – un realce inútil rompería la lógica del conjunto. Su interpretación rehuye el énfasis y cultiva una delicadeza y una claridad poco comunes (El pianista sabe en qué instrumento suntuoso toca –volveremos a eso más adelante- y lo hace de maravilla!). Ninguna dramatización excesiva (por ejemplo la parte mediana del #15, el #20), ninguna virtuosidad alborotadora (#8, #16, #24), sino un control de la sonoridad, una maestría de los pianissimi (el #17 se sublima en un perfume de música), una nitidez del dibujo, un peso de los silencios que dan a la obra una cara singular. Seguimos con la misma alegría a Cédric Tiberghien, interpretando siempre a Chopin, cuando inicia la Fantasía Polonesa. El título resume el carácter complejo y a veces difícil de entender, de esta composición tardía y mayor del Polaco. El artista sabe unirse al humor cambiante de la obra con un notable sentido de las transiciones, una imaginación sonora y una nobleza extraordinarias. Encuentra la llave: una presencia un tanto distante hace que la música exhale toda su poesía. En vez de correr detrás de ciertas partituras, es más sabio contemplarlas... Magnífica prueba de madurez de éste joven intérprete, el entenderlo. Llega la hora del bis... Tiberghien reserva una linda sorpresa a los que han disfrutado de su reciente CD de Beethoven, al ofrecer ¡nada menos que las Variaciones heroicas! Cerca de media hora de música... ¡un bis “a la Serkin”! Beethoven tenía apenas treinta años cuando compuso su Opus 35. Una formidable energía recorre la interpretación del joven pianista, sin una pizca de crispación. Todo corre como agua de manantial y este viaje poético inesperado conmueve tanto como los dos anteriores. En un relato de recital, no es común analizar detenidamente las cualidades de un piano. Sin embargo, yo sería incapaz de concluir sin referirme a la belleza del Steingräber & Söhne que Thiberghien escogió. Puesto a punto recientemente por el fabricante de Bayreuth (hasta ahora especializado en instrumentos más pequeños), este modelo del cual existen solamente dos ejemplares, constituye una importante innovación. El E 272 –así se llama- es un modelo de musicalidad: bajos profundos pero no pesados, agudos cantantes, límpidos, pero sin el brillo y la acidez de numerosos instrumentos de concierto, irisación del conjunto del registro que recuerda los pianos de fines del siglo XIX. Una inmensa paleta de colores y de matices se ofrece al ejecutante. Oiremos hablar mucho del suntuoso instrumento puesto a punto lado por Udo Schmidt-Steingräber. Tiberghien, Steingräber… ¡La Vieja Europa está muy bien, gracias!
www.concertclassic.com,
Alain Cochard, a propósito el concierto Sala Gaveau, 14 de mayo del 2003
“Cédric
Tiberghien es el acompañante ideal, respondiendo siempre con poesía e
inteligencia a las preguntas levantadas por el violonchelo”. “El juego, todo
él imaginativo, poético y perfectamente controlado, traiciona una voluntad
casi analítica de dominar todos los detalles de la partitura, antes de
proponer su visión. Lo cual no impide que, por encima del ordenamiento
impecable de los matices, la variedad de los colores, la precisión de las
líneas, la fluidez del discurso que le dan todo el valor a las Estampas,
una forma de inquietud en los arranques, particularmente en Máscaras o la
Isla alegre, que nos lleva a una dimensión simbolista tanto desconcertante
como excitante... Sutileza,
delicadeza, pero también fuerza y amplitud del sonido: así, las exigencias
del sonido a menudo opuestas que impone Debussy a su intérprete, son
admirablemente conjugadas. [...] El estilo incisivo y mordaz, la madurez y
la reflexión de los que da testimonio este disco, ubican desde ya a Cédric
Tiberghien entre los grandes”. «Ahora golpea en
el tamboril del sol y sus colores se iluminan progresivamente. A los
músicos, muy locuaces para dar a los temas su savia popular, Friedman
LAYER impone una disciplina en relación con la carrera vertiginosa del
solista. Está sincopado y con muchas vueltas.[…] El paso está dado a un
bis de TIBERGHIEN : un DEBUSSY amuleto, con una agudeza sedosa y una
convicción excepcional. Un momento de delicada poesía.» «Hay que
recordar el nombre de Cédric TIBERGHIEN. […] Su interpretación de las
obras de DEBUSSY da pruebas de una maestría técnica y de una inteligencia
musical poco comunes. […] La riqueza de los colores, que usa con un gusto
muy acertado, y la calidad constante de su sonoridad, lo designan como uno
de los pianistas más notables de su generación.» « Su autoridad,
el majestuoso equilibrio de su interpretación, su maestría del tiempo
musical, de las relaciones de masa, de los registros del teclado, del
juego de pedales, de la dinámica, de los fraseados, la atención que presta
al menor detalle sin nunca perder el hilo de un discurso que proyecta con
una convicción absoluta, no pertenecen a una promesa del piano sino a un
joven maestro.»
Entrevista ... «Desde pequeño, lo que me fascinó primero del piano, es el mueble en sí; ese gran juguete sonoro, con una mecánica invisible que produce un sonido cuando se pulsa una tecla.» A sus 28 años, Cédric Tiberghien no parece haber cambiado en nada su golosa relación con el piano, y acumula conciertos y grabaciones. «Tengo centenares de proyectos, diferentes repertorios para tocar. Ahora voy un poco hacia lo desconocido. Tengo que hacerlo porque pienso haber llegado a un punto de giro.» Esta curva es el inicio de la edad adulta para un intérprete, un período en el que debe tomarse la decisión de salir de los senderos señalados. «No quiero dejarme encerrar por Debussy o Liszt. Es por eso que me voy hacia Beethoven; sueño también con tocar las sonatas para piano de John Cage, aunque para mucha gente, aún hoy en día, eso no sea música.» Ya conoce el camino ideal del pianista perfecto, desde su victoria abrumadora en el concurso Long-Thibaud en 1998 (Primer Gran Premio, premio del Público, premio de la Orquesta…) y los numerosos conciertos que siguieron en Francia y en el extranjero, solo o con grandes orquestas (ya ejecutó cuarenta concertos, bajo la dirección de los más famosos directores (Chung, Eschenbach, Semkow). Hoy, Cédric Tiberghien quiere tocar menos pero mejor. Próxima etapa: la música de cámara y el acompañamiento. «Trabajar con un cantante te enseña la humildad, porque no es como tocar solo una sonata de Rachmaninov. En realidad lo que pasa, es que probablemente estoy celoso. Un pianista está lejos de su instrumento, inmóvil, pesado; además el instrumento sólo puede ser tocado con los dedos, mientras que el cantante es su propio instrumento. ¡Un cantante respira, mientras que el pianista puede desenrollar kilómetros de texto sin respirar! » Tranquilícense: aunque él asiste a cursos de canto, Cédric Tiberghien sigue amando el piano. «Es una mecánica, de acuerdo, pero una mecánica mágica… Se pueden sacar numerosas cosas de ella: la ilusión de una voz que canta, un legato, poesía…» En su discoteca hay tanto discos de rock, como de música electrónica, de jazz (« Un día, después de haber escuchado a Oscar Peterson, me pregunté si era necesario que siguiera con el piano»), con álbumes de Björk, de tango y hasta de fado. Todo le interesa. «Tengo la suerte de tocar sólo lo que me gusta. Por otro lado, siento una responsabilidad para con el compositor, cómo si estuviera en la sala. Odio la palabra «carrera»; quiero hacer música por pasión, no venderme. Es el valor artístico el que debe imperar; si eso funciona, es que tenía entonces algo que decir.» Recientemente, el percusionista Mino Cinelu le propuso una nueva experiencia:
la improvisación. «Eso tomará un poco de tiempo, no sé si tengo la
capacidad para ello... Quienes cultivamos la música clásica sentimos una tal
dependencia de la música escrita, que su ausencia puede llegar a
paralizarnos !» Esperando, pues, habrá un ciclo de melodías de Messiaen:
«Estoy muy emocionado con la idea - pero la partitura, ¡ay ay ay!, eso no
es Haydn o Mozart que se pueden descifrar al vuelo.» Y en algunos días
tocará la totalidad de las obras para violonchelo y piano de Beethoven con
Valérie Aimard, su compañera desde hace cinco años. "Una verdadera
complementareidad!... ¡Somos capaces de trabajar tres horas en un solo
movimiento de sonata!" ¡"Voy de ningún lado
hacia... todas partes!" LISZT, DEBUSSY, BACH o CHOPIN. Me gustan algunos
músicos por sus colores, otros por sus arquitecturas. Ciertamente, intentar
aportar algo personal después de artistas como RICHTER, BRENDEL, LIPATTI,
CORTOT o ARGERICH - mis grandes admiraciones - puede parecer ambicioso. Pero
creo que el sonido es un material con el cual cada uno puede construir. Sí,
quisiera ser... un artesano del sonido.»
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